De la idea al MVP entregado en dos semanas
Dos semanas no es magia — es una restricción. La restricción te obliga a responder a una pregunta antes de empezar: ¿cuál es la única cosa que este producto debe demostrar? Todo lo que no sirva a esa demostración se aplaza. Es incómodo, y por eso precisamente funciona.
Semana 1: acotar y construir el núcleo
Los dos primeros días se dedican al acotamiento: escribimos el recorrido principal del usuario en una sola frase y luego recortamos. El resto de la semana sirve para construir ese recorrido de principio a fin, con datos reales y persistencia real — no una maqueta. Vale más un solo camino que funcione de verdad que diez pantallas que no llevan a ninguna parte.
Semana 2: terminar, reforzar, entregar
La segunda semana no consiste en añadir funcionalidades, sino en hacer que el núcleo sea digno de confianza: gestión de errores, estados vacíos, responsive en móvil y un despliegue real en una URL que los usuarios puedan abrir. Un MVP que vive en el portátil del desarrollador no ha demostrado nada.
- Un único recorrido de usuario, funcional de principio a fin
- Datos reales y persistencia real, no una maqueta
- Desplegado en una URL pública desde el primer día
- Métricas listas para medir lo que se busca demostrar
Lo que obtienes al final
Al cabo de dos semanas no tienes el producto final — tienes una respuesta. O bien la prueba de que la idea merece una inversión de verdad, o bien la certeza de que hay que pivotar, obtenida por una fracción del coste de un desarrollo completo. En ambos casos, has ganado meses.
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